¿Cómo afrontar nuestros días?

11 noviembre, 20200
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No todos los días nos suceden cosas buenas, algunas veces las noticias, la coyuntura y algunas sitauciones que no resultan como esperábamos hacen que nos sintamos mal y decaíd@s en nuestro ánimo. Muchas veces nos levantamos content@s y conforme pasan las horas nuestro ánimo va decreciendo. Pero, cuál es el balance que hacemos para calificar a un día como bueno o malo, si todos los días son un regalo de la vida.

Siento que lo más importante de vivir al máximo, con propósito, creando la vida que queremos vivir. Asumiendo, enfrentando y disfrutando, en la medida de lo posible, cada experiencia en cada instante de nuestra vida. Es necesario encontrar la paz en el momento presente y en la apreciación de toda la prosperidad que tenemos en la vida.

Algunas veces he escuchado frases como “hoy me levante con el pie izquierdo”, “hoy no es mi día”, “hoy no debí salir de la cama”; estas son sentencias de energía que harán que nuestra actitud no sea la mejor. En lugar de usar estas frases, debemos respirar y tener buena actitud hacia aquello que no está saliendo como esperamos.

“La vida es una aventura, no es un viaje oragnizado”- Eckhart Tolle

Aunque muchas veces, cuando se siente cuesta arriba es muy difícil mantener el buen ánimo, aquí te dejo tres herramientas muy poderosas para que tengas un gran día:

1. Agradece desde el corazón; puede parecer una actitud romántica y poco realista sobretodo cuando nos enfrentamos a situaciones adversas, pero la gratitud eleva nuestros niveles de felicidad; aumenta la autoestima, reduce el estrés, la ansiedad y mejora su salud porque la gratitud cambia su enfoque de la falta a la abundancia.

Desde hace algunos meses he adoptado la práctica de escribir en mi agenda todas las cosas por las que me siento agradecida cada semana. Siento que no solo me recuerda lo bendecida que soy por todo lo que esta y no esta en mi vida, sino además que me recarga de energía porque la gratitud engendra gratitud.

2. Conecta con la naturaleza, no hace falta ir a un bosque; basta con pisar el jardín, visitar un parque o solo regar nuestras plantas. La naturaleza proporciona estabilidad emocional, un pensamiento más claro y es bueno para el sistema inmunológico. Una vez que estemos arraigados en el amor, apreciación y respeto a la naturaleza, nada derribarnos y estaremos preparad@s para lidiar con cualquier vicisitud que llegue a nuestro día.

Para este ejercicio, tómate un tiempo y apoya los pies en el suelo, quítate los zapatos y siente la tierra, jardín, alfombra. Imagina que de tus pies crecen raíces como un árbol y esas raíces se hunden en el suelo e incluso más profundamente en el centro de la tierra. Ahora, imagina a la tierra recibiendo esto y regalándote sus propias raíces conectando de nuevo para abrazarte y envolverte. Siente la calidez y el apoyo. Eres firme, como un árbol con raíces profundas, y nada en tu día es lo suficientemente fuerte como para influirte. Si aparece algo perturbador en tu día, continúa imaginando ese apoyo y recuerda que estas sostenid@ por una energía fabulosa.

3. Cultiva el silencio, solo así podrás escuchar tu voz interior. Todos podemos beneficiarnos de una práctica meditativa. Además de sus grandes beneficios, entrar en este lugar sin mente no solo reduce el estrés y la ansiedad, sino que también activa las características felices y positivas del cerebro.

Las personas que meditan tienen más control sobre sus emociones. La meditación recarga las pilas y te pone en un lugar más tranquilo para tu día. Aunque se hace en cualquier momento, recomiendo hacer esta práctica durante 10 a 20 minutos a primera hora de la mañana para prepararte para el día. Si quieres hacerlo por la noche, también es beneficioso para eliminar el estrés que puede haber acumulado durante el día.

Estas herramientas son maravillosas y efectivas; puedes ponerlas en práctica en solo 10 minutos y en tan solo dos semanas verás cambios en la forma en que respiras, te mueves y percibes tu vida y sacas el mejor provecho a cada día. Hay dos formas en que podemos percibir el destino: como algo que hay que temer porque amenaza nuestra seguridad y felicidad, o como algo que esperamos con entusiasmo y gratitud. Entonces, ¿es el destino algo que frustra mis expectativas, o es el destino algo que me da oportunidades de celebrar la vida y hacer lo mejor con lo que me toque vivir?

Si hay algo que no está resultando como esperábamos, no se trata de una mala racha, en realidad es parte del camino que nos toca recorrer. Soltemos la resistencia, enfoquémonos en no juzgar el momento ni el proceso, alimentemos nuestra confianza y paciencia para ver cómo se desarrollan las cosas.

Esto no quiere decir vivir en un mundo de fantasía con polvo de unicornios, ignorando que en la vida también ocurren cosas difíciles, que algunas veces nos duelen. Lo importante es  cambiar la percepción tenebrosa del destino, por una que nos permita verlo como el camino que nos llevará a donde queremos estar; y  aunque ese camino tiene límites definidos y tendrá́ de lo bueno y lo difícil, cada un@ también  tiene un amplio rango de decisión para transitarlo con más o menos consciencia, amor y proactividad espiritual.

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