Discriminación digital

La discriminación en el mundo online también existe. En la era digital, la discriminación no se limita solo al género, raza u orientación sexual. También existe la discriminación por edad, conocida como edadismo. Los estereotipos con respecto a la edad y las tecnologías digitales son masivamente aceptados y reproducidos en la sociedad. Se da por sentado que las personas mayores no están interesadas o no son hábiles con las tecnologías digitales y, partiendo de este estereotipo, se desarrollan tecnologías que no las tienen en cuenta o se diseñan pensando en las limitaciones asociadas a su edad, y no en sus intereses y habilidades.

La discriminación digital puede tener un impacto negativo en la vida de las personas mayores. Por ejemplo, puede impedir el acceso a servicios públicos y privados, limitar su participación en la vida social y económica y reducir su calidad de vida en general. Además, puede reforzar los estereotipos negativos sobre la vejez, como la idea de que las personas mayores no son capaces de utilizar la tecnología o de mantenerse actualizados en el mundo digital.

Es importante tomar consciencia de esta problemática porque las tecnologías siguen evolucionando; los que somos adultos ahora, en unos años seremos más mayores y, ante el continuo flujo de nuevas tecnologías, puede que en algún momento pensemos que los nuevos gadgets no son necesarios.

Los estudios muestran que la brecha digital entre las personas mayores y los jóvenes es significativa. Por ejemplo, según un informe de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, solo el 17% de las personas mayores de 65 años en los países en desarrollo utilizan internet, en comparación con el 80% de los jóvenes de entre 15 y 24 años. Además, un estudio de la Unión Europea encontró que solo el 36% de las personas mayores de 65 años usan internet con regularidad, en comparación con el 75% de la población en general.

La discriminación digital también puede ser una barrera para la inclusión laboral de las personas mayores. Un estudio realizado en los Estados Unidos encontró que el 48% de los trabajadores mayores de 50 años había experimentado algún tipo de discriminación relacionada con la edad, incluyendo la falta de acceso a la tecnología y la falta de oportunidades de formación y desarrollo.

La falta de adaptación de las tecnologías a las necesidades de las personas mayores también es un problema importante. Por ejemplo, muchos sitios móviles web y aplicaciones no tienen en cuenta las limitaciones visuales o motores de las personas mayores. Según un estudio de la Universidad de Edimburgo, el 40% de las personas mayores de 65 años tienen dificultades para utilizar un ratón de ordenador, lo que limita su capacidad para acceder a la tecnología.

Es importante que las empresas y organizaciones consideren la discriminación digital y el edadismo en el diseño de sus tecnologías y servicios. Esto incluye la adaptación de las tecnologías a las necesidades de las personas mayores, la educación sobre el uso de la tecnología y la inclusión de las personas mayores en la toma de decisiones sobre el desarrollo de productos y servicios.

La sociedad ha aceptado que no todas las personas tienen la necesidad de usar un reloj inteligente, pero nos cuesta más trabajo aceptar que quizás tampoco el teléfono inteligente (smartphone) es necesario para algunas personas. Se nos hace difícil aceptar que la decisión de una persona mayor de no usar internet es una decisión consciente y autónoma que se debe respetar. Como ciudadanos tenemos algunos deberes, pero usar internet no es uno de ellos. Aunque los bancos nos quieran forzar a controlar las finanzas cotidianas online.

El tecno-optimismo imperante solo ve las ventajas de la digitalización. Con los menús y las cuentas del restaurante en códigos QR, se puede tener menos personal; el  conductor del autobús no pierde tiempo vendiendo billetes si solo se permite pagar con tarjeta; se puede ahorrar el papel de las recetas médicas, billetes y entradas, y reducir el tiempo de atención al público. Pero a menudo no analiza quienes quedan excluidos de estos servicios, o la autonomía que pierden quienes no pueden acceder al servicio directamente, ni el impacto en el derecho a la igualdad de oportunidades y el derecho a no ser discriminado. No se ve que el tecno-optimismo refuerza la exclusión de los menos favorecidos.

Los gobiernos también tienen un papel importante en la promoción de la inclusión digital y la lucha contra la discriminación digital. Esto incluye la promoción del acceso a la tecnología y la educación digital, la eliminación de barreras para la inclusión digital y la promoción de políticas que fomentan la inclusión laboral y social de las personas mayores.

En conclusión, la discriminación digital y el edadismo son problemas importantes que surgen de la vida de las personas mayores en la era digital. Es importante que se tomen medidas para promover la inclusión digital y combatir la discriminación digital y el edadismo en todas sus formas.

Dulcinea
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