El arte incómodo de no tener certezas
Los últimos meses de 2025 fueron muy retadores, tiempos de exigencia silenciosa, de decisiones tomadas con más intuición que certeza, de finales que no terminaron de cerrarse del todo. Y como si el calendario tuviera sentido del drama, el inicio de 2026 llegó con una serie de situaciones que encendieron la chispa de la incertidumbre.
La incertidumbre es la imposibilidad de prever con claridad lo que viene. No es solo no saber; es habitar un terreno inestable donde las referencias habituales dejan de servir. Desde fuera, parece fácil lidiar con ella, como si bastara con “confiar”, “soltar” o “fluir”. Pero no voy a romantizarla ni a recurrir a recetas de autoayuda. La incertidumbre cala por dentro, te carcome en silencio, te orilla a sobrepensar, a vivir en estado de alerta, a sentir ansiedad sin causa concreta y a colocarte, una y otra vez, en los peores escenarios posibles.
Combatir la incertidumbre no es eliminarla, sino aprender a convivir con ella sin permitir que gobierne nuestras decisiones. Aunque no siempre podemos reconocerla porque a veces susurra preguntas persistentes: ¿voy bien?, ¿es este el camino?, ¿debería estar en otro lugar, siendo otra versión de mí? ¿irá a mejor? Casi siempre es un estado que nos arrastra al mañana; mientras que el pensamiento lúcido nos devuelve al ahora.
Como no es fácil lidiar con ella porque nos paraliza, te traigo algunas recomendaciones sin promesas mágicas, para que puedas sobrellevarla de la mejor manera.
1. Volver a lo concreto. Cuando todo parece inestable, lo pequeño sostiene. Rutinas simples, tareas terminables, acciones que dependen solo de ti.
2. Nombrar lo que sí sabes. En medio de la duda, siempre hay certezas mínimas: valores, límites, convicciones silenciosas. Nombrarlas ordena el caos interno.
3. Aceptar no tener el mapa completo. La vida no se revela en panorámicas, sino en fragmentos. Ver un solo paso, a veces, es suficiente.
4. Poner límites al sobrepensar. Pensar no es lo mismo que rumiar. Detener el bucle mental también es una forma de cuidado.
5. Diferenciar intuición de miedo. No toda urgencia interna es una señal. A veces es solo ansiedad buscando control.
6. Reducir el ruido externo. Menos comparaciones, menos búsquedas en IA, menos discursos que prometen certezas rápidas. El silencio también orienta.
7. Recordar que la incomodidad puede ser tránsito. No todo malestar es error. Algunas incomodidades indican movimiento, no fracaso.
La incertidumbre llega sin que la invites. No pide permiso, no avisa. Pero es necesario que no le cedas el control, porque cuando lo haces, todo se vuelve caos y confusión. Practicar el arte incómodo de no tener certezas no consiste en negar el miedo, sino en no dejar que dirija tus pasos. Confía en esto, incluso cuando te toque transitar momentos de confusión: todo pasa. Las preguntas pasan, la ansiedad se aquieta, los nudos se aflojan. Y aunque ahora no lo veas con claridad, ten la certeza, paradójica pero real; de que también este tramo pasará.
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