La energía universal

En esta época tan convulsionada nuestras esperanzas de salud, felicidad, amor y paz siguen siendo las mismas que a lo largo de la historia. Lo que difiere es nuestra concepción de la vida y lo que constituye un ser humano; para el hombre antiguo, el cultivo de una vida interior, siguiendo las leyes de la naturaleza, era el medio para la salud y la felicidad. En el mundo moderno, a menudo buscamos una vida exterior exitosa, que creemos que nos traerá felicidad, amor y significado a nuestra vida.

La ciencia nos ha dado valiosas ideas sobre las leyes del universo, pero también podemos confiar en la sabiduría antigua. Las civilizaciones antiguas no dependían de la tecnología, sino de una observación directa de la naturaleza, comprendieron que la vida comenzaba con la luz, que ahora percibimos como materia. Los antiguos entendieron que sea lo que sea esta luz, no es la misma luz la que da color a nuestro mundo, sino posiblemente algo más intangible, etéreo, y espiritual.

La ciencia explica que el universo comenzó con la luz, pero luego se separan. Aún se está tratando de descubrir cómo la luz se convirtió en las primeras partículas de materia, mientras que tradiciones antiguas como el taoísmo entendieron que el campo de energía unificado original se polarizó en dos componentes que se denominaron energías yin (negativa) y yang (positiva). A partir de este estado altamente polarizado, la atracción y la colusión inevitables crearon las condiciones para que se formara la materia: el Big Bang.

La unión de las energías yin y yang dio origen a los cinco elementos: agua, madera, fuego, metal y tierra. El elemento agua germina la vida, el elemento madera la hace crecer, el elemento fuego la hace florecer, el elemento metal lo solidifica y el elemento tierra lo preserva. Así fue como se creó el mundo material y el universo entero.

“Yin y Yang, masculino y femenino, fuerte y débil, rígido y tierno, cielo y tierra, luz y oscuridad, trueno y relámpago, frío y calor, bien y mal … la interacción de principios opuestos constituye el universo”.

Confucio

El fuego representa nuestra energía vital y pasión; es la energía activa y por tanto masculina; nos permite emprender proyectos, actuar y sobreponernos a las dificultades que encontramos en el camino porque se expresa como nuestra fortaleza interior. Es fuerza de voluntad, autoridad y liderazgo.

El agua representa nuestras emociones, el inconsciente y nuestra intuición. También la podemos identificar con todo lo afectivo y se expresa en su forma más alta como amor incondicional, compasión y aceptación por nosotros y los demás. Es un elemento femenino y por tanto, de naturaleza receptiva.

El aire representa el mundo de las ideas, lo racional, la lógica y las comunicaciones. Nos otorga cualidades como la determinación, la ambición, la objetividad y capacidad resolutiva. Es desapegado emocionalmente, por lo que muchas veces puede ser duro con sus palabras, y caer en juicios y críticas hirientes. Nos permite visualizar lo que deseamos y dirigir a través de nuestra intención la energía para manifestar lo que deseamos. El aire es masculino y activo.

La tierra representa la manifestación tangible de la energía; la podemos identificar con todo lo material, incluyendo nuestro cuerpo. Este elemento aporta a nuestro carácter disciplina, método y constancia para construir nuestros objetivos. Entiende los ciclos de manifestación, así que nos ayuda en los estados de gestación, crecimiento y maduración de todas las cosas, y a tener la paciencia suficiente para ver los resultados manifestados. La tierra es femenina y receptiva.

¿Cómo podemos alinearnos con la energía universal?

Cuando estamos en armonía con la energía del universo, prevalecen la salud y la felicidad, no solo para nosotros, sino también para quienes nos rodean; cuando vamos en contra hay dolor e infelicidad. Se trata de vivir en armonía con el universo, con la tierra y con todos los seres vivos. En términos más espirituales, la Ley Universal es el sistema que estableció el universo para sustentar la vida. Antes de que todo fuera creado, se estableció la ley del Yin y el Yang para cuidar la creación.

Por ejemplo, la noche y el día, los días de la semana, los meses del año y las cuatro estaciones son parte del sistema invisible creado por el universo para sustentar nuestra vida. Los antiguos nos enseñaron que para seguir la energía universal debemos prestar atención a nuestro cuerpo. Todo parte de nuestra salud. Si la comida que comemos nos hace saludables, entonces deberíamos comerla. Si, por el contrario, genera mala salud, debemos evitarla. La forma en que comemos también es importante. Cada vez que comemos algo debemos sentir respeto incondicional y gratitud hacia el universo, que nos permite tener estas cosas materiales preciosas para sostener nuestra vida.

Estamos conectad@s con la energía universal; por ejemplo, todos los días nos levantamos por la mañana y vamos a trabajar. Para estar saludable es importante levantarse temprano y estar activ@. Durante la noche debemos descansar; si rompes este patrón, al principio puede que no sea un problema; pero con el tiempo puede empezar a tener efectos más perjudiciales en nuestra salud y estado de bienestar. Todo es equilibrio que a su vez crea un flujo natural.

Dulcinea
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