Lenguaje Inspirador

19 octubre, 20190
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Un tiempo atrás publiqué un post acerca del poder de las palabras y hoy quisiera complementarlo con una nueva perspectiva. Porque todas las palabras que salen de nuestra boca tienen un gran impacto en los demás., pero también en nosotr@s mism@s. Si tomamos consciencia de ello comprobarás que es necesario hablarnos con mucho amor y siempre de manera positiva, con mucha buena energía.

Cuando se sienta cuesta arriba en lugar de decir que estamos enfrentando un problema, podemos cambiar esa etiqueta y bautizarlo como un reto o desafío; este simple cambio de perspectiva tiene un gran impacto en nuestras emociones. Aquí te dejo algunas situaciones que enfrentamos a diario y como puedes potenciar el aprendizaje.

Algunas personas son muy duras consigo, se autocastigan hablando de fracaso en lugar de utilizar la palabra error. No se trata de ser concesivos ni complacientes, se trata de tratarnos con amor, como tratamos a nuestr@ mejor amig@. Fracaso es una palabra con mucha carga negativa, es como un desastre sin opción a reconstrucción, un punto final sin aprendizaje. En cambio, la palabra error supone un escalón para nuestro aprendizaje; una oportunidad de cambio.

Utiliza palabras que te estimulen a cambiar con frases gratas; como todavía, por ejemplo “todavía estoy a tiempo de cambiar esta situación”; “no lo he hecho, pero todavía puedo intentarlo”. También utiliza el “pero” como un condicional de que tú puedes cambiar la perspectiva; por ejemplo, “Estoy triste, pero hay un día bonito”, “Estoy preocupad@, pero ya va a pasar”.

Estamos acostumbrad@s a suponer y ponernos en el peor de los casos y es necesario cambiar ese mal hábito, por afirmaciones positivas; por ejemplo, solemos decir: ¿Y si me echan del trabajo?, ¿Y si se cae el avión?, ¿Y si me rechaza?, ¿Y si me bloqueo en el examen?; reemplacemos estas frases por: ¿Y si sorprendo a mi jefe trabajando cada día mejor?, ¿Y si disfruto del viaje y de sus vistas?, ¿Y si le gusta mi valentía al declararme?, ¿Y si  resuelvo el examen con tanta tranquilidad que lo apruebo?

Debemos evitar palabras con carga negativa como «culpa», «imposible», «incapaz», «fracaso», «rechazo», «desconfianza» o «miedo». En cambio, debemos incorporar a nuestro vocabulario palabras que construyan realidades positivas como «amor», «valentía», «luz», «libertad», «risa», «puedo», «entusiasmo», «belleza», «expansión», «fe», «superación» o «vivir». Y frases que nos conecten con las buenas vibraciones como, “gracias”, “te quiero”, “perdón.

Lo más importante es saber que el lenguaje que utilizamos debe inspirarnos, tengamos en cuenta que el lenguaje contiene nuestras emociones.

Ilustraciones tomadas de Internet
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