Lo profundo del compartir

Compartir es un principio virtuoso y saludable. Lo vemos en la naturaleza y también en nuestra sociedad. Los padres suelen enseñar a sus hijos a compartir entre hermanos y las escuelas suelen utilizar recursos compartidos. Compartir es inherente y aprendido y, por lo tanto, está integrado en la sociedad en diferentes niveles. Cada uno de nosotros contribuye a nuestro nivel de comprensión.

Los estudios científicos indican que dar es beneficioso para nuestra salud y bienestar. La presión arterial disminuye y la felicidad aumenta como resultado de dar y recibir en comunidad. Los niveles de estrés se nivelan al compartir la carga. Compartir también promueve la gratitud, la cooperación y la conexión social, todos los cuales son esenciales para una vida feliz y próspera.

Siempre podemos ser un aporte, busca un espacio donde puedas contribuir de alguna forma. Hacemos la apertura para recibir cuando estamos dispuest@s a dar. Es necesario abrirnos a lo colectivo para inspirarnos, pero también para ser inspiración para otros. El camino del corazón no es individualista.  Las acciones que tomamos para crecer, no solo impactan a uno mismo. Si tú y yo tomamos decisiones escuchando nuestro corazón y llevándonos a crecer, eso va a generar efectos que serán positivos para otras personas también. No sabemos cómo, ni cuándo, ni dónde. Pero al menos saber que esto es así de real y concreto, a mí me da un sentido impresionante de propósito para ser mucho más valiente con mis propios desafíos

Los seres humanos compartimos el universo, compartimos el sol, el aire, el agua y los recursos de la Tierra, que necesitamos para sobrevivir. A pesar de que vivimos en una vasta extensión de naturaleza, compartir recursos es clave para nuestra supervivencia sostenible. La calidad de vida también incluye la calidad de los recursos y el acceso a ellos.

Si bien compartir es un valor ampliamente respetado, se oye poco sobre conceptos más profundos de compartir, como compartir la Tierra, en las diversas aulas en las que nos sentamos mientras crecíamos. Esta falta de profundidad es desafortunada considerando que muchos de los líderes, moldeadores y creadores de nuestra civilización, de los que aprendimos, promovieron ideas de compartir la Tierra. Desde Moisés hasta Jefferson, Lincoln y Gandhi, y muchos en el medio, compartir la Tierra ha sido elogiado y puede considerarse como una parte fundamental de nuestra existencia en evolución.

Debemos recordar que nuestras acciones afectan a los demás. El autogobierno personal también es una parte fundamental de la salud y el bienestar. Compartir funciona mejor cuando no es forzado, sino aceptado como un entendimiento aprendido. Mientras luchamos por una forma de vida más sostenible, está sucediendo una renovación de lo sagrado. Darnos cuenta además de que todos estamos en el mismo equipo es uno de los momentos en que la humanidad despierta a un nuevo paradigma de vivir juntos en el planeta con compasión en paz y prosperidad compartidas.

Dulcinea
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