Mis Enfados

3 julio, 20150
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Mi filosofía de vida es esforzarme día a día para ser una mejor persona. Parte de este aprendizaje es vivir a plenitud, inyectar de mucha energía cada cosa que hago, tener pensamientos amorosos y sentir mucho agradecimiento. Pero también es cierto que hay situaciones cotidianas que me enojan y que acepto como parte de mi crecimiento espiritual.

Siento que es maravilloso permitirme vivir conscientemente todos mis estados de ánimo, porque creo que son parte importante de mi evolución. Cuando nos enfadamos suceden muchas cosas dentro de nosotros, experimentamos miedo, ansiedad, agresividad, exaltación, frustración y mucho sufrimiento. Además buscamos culpar a algo o alguien más de nuestras molestias porque no somos capaces de hacernos cargo del tema. En este punto, citaré un proverbio inglés que me gusta mucho que dice “Cuando señalas con un dedo, tres te apuntan a ti”.

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Hace algún tiempo, mis compañeros de escuela y yo organizamos un reencuentro fabuloso. No nos veíamos hace muchos años porque la mayoría de nosotros está repartido por el mundo; así que sería una gran oportunidad para volvernos a ver. Durante meses planeamos nuestra visita con una agenda muy apretada, porque solo estaríamos juntos un fin de semana. Fue una hermosa maratón de cafés, almuerzos, cenas, paseos y visitas; pero hubo una amiga que no asistió a ninguno de los muchos eventos que ella había propuesto. Confieso que me enoje porque cuando le llamamos dijo que estaba muy complicada de tiempos. Entonces pensé ¿Cómo puede ser que haya sido organizadora y anfitriona y no se presente a ninguna reunión? Estaba tan enojada con ella, que cuando llamó para despedirse de mi, decidí no tomar su llamada. De vuelta a casa, reflexione acerca de algunos puntos que quiero compartirte:

Tiempo de por medio, decidí cancelar mi enojo para tener pensamientos menos contaminados; y entender entonces que tal vez mi amiga habría tenido algún inconveniente que le habría impedido estar con nosotros. Comprendí que en esos días fue más fácil enojarme que enviarle un mail manifestándole mi cariño, porque de repente estaba viviendo alguna situación que le impedía darme alguna explicación. Entendí que ni siquiera necesitaba una explicación, solo debí respetar sus espacios y no  enfadarme porque no estuvo en eventos en los que ella hubiera querido participar. Creo que mis ganas de verla y mi molestia por vivir una situación que no resultó como habíamos planeado, desencadenaron sentimientos de enojo y resentimiento.

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Todos nos enojamos en algún momento de nuestras vidas y en realidad no se trata de reprimir nuestros sentimientos, sino de encausarlos, de controlar nuestras reacciones. De proponernos ser más asertivos y comprensivos con nosotros y con los demás.

A mí como a ti,  me enfadan algunas cosas cotidianas, como frenar con rudeza para esquivar a un conductor temerario que no respeta las reglas de tránsito. Casi siempre, mi primera reacción es insultarle, no tan fuerte como para que me escuche, pero igual le he insultado y mi ánimo se ha exaltado, me he crispado y hasta me he puesto de mal humor aunque sea por algunos segundos. Lo más gracioso es que ese mal conductor ni se ha enterado y yo me quedo “con el hígado entre las manos”.

Debemos tener claro que el enojo no es malo ni bueno; a veces puede ser liberador, es beneficioso exteriorizar nuestra indignación ante ciertas situaciones, pero no debemos perder el control porque entonces seremos dominados por nuestras emociones negativas que nos podrían llevar a decir y hacer cosas de las que después nos arrepentiremos. Lo mejor es respirar y tranquilizarse. Si logramos balancear nuestras emociones y no permitir que nada nos altere tanto, podremos lograr el equilibrio.

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Resumiendo, lo importante es vivir a plenitud nuestros estados de ánimo, pero equilibrando nuestras emociones. Debemos tener autocontrol.

A continuación preparé una guía que nos puede ayudar a controlar nuestro enfado y no dejar que él se apodere de nuestras emociones y comande nuestras reacciones:

1- Todo es tan grave como tú quieres que sea. Cada vez que te enfades, pregúntate si vale tanto la pena. Si es necesario desatar una guerra por algo que se puede resolver tomando distancia y retomando cuando la calma haya vuelto.

2- Pensemos que cada vez que nos enojamos, es nuestro ego quien se apodera de nosotros y opaca nuestros verdaderos sentimientos. Asi que a dominarlo!!!

3- Trabajemos en cultivar la empatía, que tiene que ver con ponernos en los zapatos del otro, pero también con conectar con sus sentimientos.

4- Debemos controlar y asumir con valentía nuestras frustraciones , este punto es muy importante y el que más me cuesta trabajo. La frustración tiene que ver con que las cosas sucedan como las planeamos e imaginamos. No siempre todo sucederá a nuestro gusto por tanto debemos ser flexibles y pacientes.

5- Comportémonos con asertividad, no agresividad. Controlemos nuestros tonos de voz, nuestras ironías y las palabras que utilizamos. Exprésate de manera educada, con tono amable y conciliador. Evitemos los reproches, porque estos solo conducen al resentimiento y al distanciamiento. A nadie le gustan los reproches, entonces no hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti!.

6- Si estás muy enojado y sientes que no lo puedes controlar, no hables; trata de calmarte y piensa que es mejor hablar en otro momento. Pon tiempo y distancia para apaciguarte.

7- Desarrolla tu sentido analítico, ten una visión panorámica de las cosas y reflexiona sobre todos los posibles escenarios. Se sensato!

8- Aprende a pedir disculpas su crees que has actuado mal. Hazlo de corazón y deja fluir la buena energía.

Si te enojas a menudo, trata de hacerlo menos. Y cuando te enojes, trata de que sea una experiencia inspiradora de la que puedas aprender muchas lecciones para ser una mejor persona.

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Te dejo este divertido cuento que ilustra de forma creativa todo lo que hemos desarrollado en este post. Disfrútalo!
Cuento El Enfado

Imágenes tomadas de Internet
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